El propósito de tu vida según la Biblia no es lo que te dijeron
El propósito de tu vida según la Biblia no es lo que te dijeron. La cultura te ha dicho que tu propósito es ser feliz, realizarte, dejar huella, vivir tu mejor vida. La teología de la prosperidad te ha dicho que tu propósito es ser bendecido. Pero R.C. Sproul abre el libro con una afirmación que lo reordena todo desde la base.
Lo que dice la Escritura — no la cultura
En Génesis 1, Dios crea al ser humano a su imagen y semejanza. Durante siglos, los teólogos han debatido exactamente qué significa eso. Pero Sproul propone algo que es a la vez simple y enormemente exigente: ser creado a imagen de Dios significa que nuestra vida debe replicar y reflejar el carácter de Dios.
“El propósito de la vida humana es replicar y reflejar el carácter mismo de Dios.” R.C. Sproul, Creciendo en Santidad, p. 20.
Colosenses 1:16 lo confirma: todo fue creado por Dios y para Dios. No somos el centro de la historia — somos criaturas hechas para reflejar al que sí lo es.
“Dios no existe para la humanidad, sino que la humanidad existe para Dios.” R.C. Sproul, Creciendo en Santidad, p. 29.
¿Qué significa en la práctica reflejar el carácter de Dios?
Aquí es donde el concepto deja de ser abstracto. Martin Lutero, citado por Sproul, dijo que todo cristiano está llamado a ser «Cristo para su prójimo». No un experto en religión — una persona en quien Cristo sea visible.
Eso tiene consecuencias directas: la forma en que hablas, en que tratas a tu familia, en que reaccionas bajo presión, en que manejas el dinero, en que te comportas cuando nadie te ve. Todo eso forma parte de si estás cumpliendo o no con el propósito para el que fuiste creado.
“Tu propósito es la razón dominante de tu existencia.” R.C. Sproul, Creciendo en Santidad, p. 21.
El mayor anhelo que muchos nunca nombran
Sproul cierra esta reflexión con algo que solo la teología bíblica puede articular con ese nivel de profundidad. El propósito final del ser humano no es ser feliz, ni exitoso, ni siquiera ser buena persona. Es ver a Dios tal como Él es:
“Poder contemplar la cara de Dios mismo es el mayor anhelo de nuestras almas y la satisfacción más profunda de nuestros deseos.” R.C. Sproul, Creciendo en Santidad, p. 30 — 1 Juan 3:1-2.
Eso cambia completamente la forma de entender la vida cristiana. No somos personas que hacen cosas buenas esperando una recompensa. Somos criaturas que reflejan — cada vez mejor, aunque imperfectamente — la gloria del Dios para el que fuimos hechos.
La pregunta que vale hacerse después de leer esto no es «¿soy feliz? «sino» ¿refleja mi vida el carácter de Dios?»
“Fuimos creados con este propósito concreto: glorificar al Creador del universo.«
