Una antorcha en lugar oscuro: por qué podemos confiar en la Palabra de Dios


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¿Podemos confiar en la Palabra de Dios, o la Biblia es solo una colección de historias bonitas escritas por hombres? Es una pregunta que muchos se hacen, incluso dentro de la iglesia. El apóstol Pedro, cerca del final de su vida, respondió a esta duda con una seguridad asombrosa: lo que predicaban no eran fábulas, sino lo que habían visto con sus propios ojos. En este devocional meditamos en 2 Pedro 1:16–21 y en por qué la Escritura es una antorcha segura en medio de la oscuridad.

Una antorcha en lugar oscuro: confiar en la Palabra de Dios
Una antorcha en lugar oscuro

📜 Texto / Pasaje

16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.

18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.

19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.  (2 Pedro 1:16–21)

¿Qué me revela este pasaje sobre Dios?

Misericordia, porque Dios nunca ha abandonado a la humanidad. Siempre se ha comunicado con ella: antes por medio de los profetas, y en estos últimos tiempos por medio de su Hijo (Hebreos 1:1–2), cuya revelación nos dejó por escrito en la Escritura inspirada por el Espíritu Santo. Dios es quien alumbra nuestro camino por medio de su Palabra.

Se nos muestra la Trinidad, donde se menciona al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

(Hebreos 1 enseña que Dios ahora nos habla por el Hijo; el Espíritu ya no da revelación nueva, sino que nos ayuda a entender la ya escrita.)

¿Hay una promesa que pueda reclamar?

Jesús no es una historia inventada ni una fábula: es real. Pedro, Jacobo y Juan fueron testigos oculares de su gloria en el monte santo de la transfiguración, y oyeron la voz del Padre decir: «Este es mi Hijo amado». Mientras más aprendamos a confiar en la Palabra de Dios y estemos atentos a ella, más veremos su gloria, hasta que el lucero de la mañana salga en nuestros corazones.

La Biblia no fue inventada por los hombres. Dios inspiró por medio del Espíritu Santo a santos hombres de Dios para dejarnos por escrito su voluntad y la guía de cómo debemos conducirnos. Por eso, cuando el versículo 20 dice que ninguna profecía es «de interpretación privada», no habla de cómo la leemos nosotros, sino de su origen: no nació de la opinión personal del profeta, sino del Espíritu de Dios.

¿Hay un mandamiento que deba obedecer?

Estar atentos a la Palabra de Dios, porque es la palabra profética más segura. Confiar en la Palabra de Dios implica leerla, meditarla y obedecerla cada día.

¿Hay un pecado que deba confesar o evitar?

No debo dudar ni pensar que la Biblia no es Palabra de Dios. Dudar de ella es lo contrario de confiar en la Palabra de Dios, y tenemos mucha evidencia de su veracidad.

¿Por qué podemos confiar en la Palabra de Dios?

Este pasaje nos da dos razones firmes. La primera es el testimonio apostólico: los apóstoles no transmitieron rumores ni leyendas, sino lo que vieron y oyeron junto a Cristo. La segunda es el origen divino de la Escritura: los profetas no hablaron por su propia voluntad, sino que fueron llevados por el Espíritu Santo. Por eso Pedro la llama «la palabra profética más segura».

Confiar en la Palabra de Dios no es un salto a ciegas, sino descansar en el testimonio que Dios mismo ha dado. Como enseña Pablo en 2 Timoteo 3:16, toda la Escritura es inspirada por Dios. Y la Confesión de Fe de 1689 comienza justamente afirmando que la Santa Escritura es la única regla suficiente, cierta e infalible de todo conocimiento salvador. En un mundo lleno de voces confusas, tenemos una antorcha que no se apaga.

💡 Lo que Dios me dice hoy

La majestad de Dios no la vamos a entender por completo con nuestra mente limitada. Pero mientras más estudiemos y aprendamos a confiar en la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos iluminará para entender lo que Él inspiró a los apóstoles y profetas a escribir. Dios la dejó por escrito para que alumbre nuestra mente cuando nos sintamos en oscuridad y en duda.

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